Dos puntos, solo dos

Una agenda liberal para México
Opinion14.03.2018Sergio Negrete Cárdenas
Elecciones MEX
Ciudadano emitiendo su voto ProtoplasmaKid / Wikimedia Commons / CC-BY-SA 4.0

A inicio de julio de 2018 se elegirá un nuevo Presidente en México y se renovará el Congreso. Para un liberal es un tiempo decepcionante ya que la campaña indica que será un concurso más de demagogia y populismo latinoamericano. La mayoría de las promesas de los candidatos presentan al gobierno como proveedor, interventor y hasta productor. Esta inercia, impulsada tanto por votantes como políticos, mantendrá a los mexicanos como personas alejadas de la libertad.

Dos puntos son suficientes para que los liberales luchen contra esta tendencia.

Las personas como los mercados: libres

México podría ser un ejemplo de hospitalidad, inversión y comercio si se evitara que grupos de interés estuvieran a cargo de su política migratoria y económica. Los acuerdos de libre comercio en México son en realidad un tipo de comercio regulado y negociado por grupos industriales. La política industrial y de desarrollo económico, justificada en el artículo 25 de la Constitución, no ha sido más que un eufemismo para beneficiar a grandes empresas con tratos impositivos privilegiados y subsidios públicos. La política migratoria está supeditada a los intereses de Estados Unidos. Esto nos empobrece y nos limita.

El libre movimiento de personas, bienes y capitales, beneficiaría a todos, especialmente a los que menos tienen. Además ayudaría a construir una sociedad más abierta y diversa que permitiría disipar los fantasmas de la xenofobia, el racismo y el clasismo que permean la sociedad mexicana. No se trata de negociar acuerdos o buscar reciprocidad en otros países. Medidas unilaterales que derribaran las restricciones a ese libre movimiento están al alcance del gobierno.

Mercado laboral flexible

Un mercado laboral flexible (o libre): significa reducir las restricciones para contratar o despedir. Para muchos esto puede ser escandaloso e incluso despiadado, pero hoy en día lo verdaderamente despiadado es no liberar los mercados, dado los enormes costos que las restricciones existentes imponen sobre empleadores y trabajadores.

Cada vez que optamos por proteger ciertos trabajos limitamos la creación de nuevos mejor pagados. Hoy en día ya no requerimos operadores de télex o los telegrafistas de hace décadas. La tentación de disminuir la incertidumbre ante los cambios nos orilla a leyes laborales que en apariencia están a favor del empleado, cuando en realidad están en contra del desarrollo de las personas. Los empleos rígidos e inmóviles no solo nos empobrecen, son un desperdicio de energía y experiencia que bien podría usarse en diversas áreas. Requerimos una ley laboral que internalice la destrucción creativa del libre mercado.

Los empleos estables y únicos eran posibles en las economías del siglo XX, mayoritariamente extractivas de recursos y con manufacturas no avanzadas. Nuestras economías hoy nos empoderan y posibilitan a hacer más, a aprovechar la diversidad de nuestros talentos. Esto significa una nueva era para la forma en que trabajamos.

El enorme reto liberal

Muchos liberales suelen sacrificar lo mejor por lo perfecto. No hay que caer en la tentación del purismo intelectual. A generaciones de mexicanos se les ha educado en la noción de un Estado que provee, protege y tutela. Romper creencias, inercias y temores ante las numerosas oportunidades de la libertad no será fácil o sencillo. La mejor forma de empujar una agenda liberal en México será con puntos simples, realizables y claros. Así se podrán ganar batallas.