El Andamiaje Oculto

La importancia de la Calidad Institucional
Opinion14.05.2018Fernando Valdés Benavides
Portada ICI_2018

Mejorar la calidad institucional de un país es como dar mantenimiento a los drenajes pluviales: no sirve para ganar votos pero su ausencia causa problemas serios.

El recién publicado Índice de Calidad Institucional (ICI), dirigido por el economista argentino Martín Krause, es una lectura indispensable para los interesados en entender el andamiaje oculto que permite a los países fortalecer sus democracias y potenciar su prosperidad.

El Índice está compuesto por las prioridades que no se ven, pero se sienten, entre ellas: la autonomía de la justicia, la competencia inter-jurisdiccional, la facilidad de hacer negocios y el respeto a los derechos civiles en 191 naciones del mundo. 

Si bien México en los últimos 22 años ha tenido avances significativos en su calidad institucional, estos han sido insuficientes y ha sido superado en la medición por otros países. Desde 1996 a 2018 México ha caído 9 lugares en el Índice de Calidad Institucional. 

Resultados ICI_2018
Índice de Calidad Institucional 2018

Podemos reconocer el efecto de los esfuerzos para transformar su sistema de justicia, de facilitar la apertura y operación de negocios y de eliminar los monopolios públicos, pero hay obras inconclusas que son urgentes: la autonomía de las fiscalías estatales y la federal, la consolidación del Sistema Nacional Anticorrupción, la mejora de los mecanismos de contratación de obra pública y la eliminación del uso discrecional de los fondos destinados a publicidad oficial, por mencionar algunos.

El ICI, además de recordarnos nuestras tareas pendientes, entretiene una curiosa paradoja latinoamericana: la visibilización de la violencia, corrupción o la desigualdad de oportunidades puede ser un posible efecto de una mejora en la calidad de las instituciones. Países como Perú, Colombia y Brasil han llevado ambiciosas reformas para otorgar mayor eficiencia e independencia a sus instituciones de justicia.

Krause nos recuerda que años antes del escándalo de Lava Jato, las instituciones de seguridad y justicia brasileñas experimentaron cambios fundamentales que no hicieron tanta prensa, pero que importan más que cualquier presidente encarcelado. Algunos de esos cambios que permitieron desnudar la compleja red de corrupción política fueron la creación de mecanismos competitivos para la selección de fiscales y jueces; los cambios legales que permitieron una mayor autonomía en el trabajo y los recursos de los ministerios públicos y la policía federal; y la creación de órganos de control para transparentar y eficientar el trabajo de las instituciones de los jueces y fiscales.

El caso Lava Jato, más que un escándalo sobre figuras políticas, deberían celebrarse como una batalla ganada por la calidad institucional, una batalla ganada en donde la aplicación de la ley no depende de voluntades políticas sino de reglas claras y capacidades institucionales mejoradas. De otra forma sería imposible entender como una investigación a un autolavado pudo ayudar a descubrir una compleja red de corrupción de funcionarios de alto nivel.

Es posible que en México esté sucediendo un fenómeno similar, en el que las recientes reformas políticas, de transparencia y justicia nos han permitido observar y medir la magnitud de nuestros retos. El problema, y a diferencia de otros países mejor rankeados en el ICI, es que a nuestro diagnóstico le falta un paso crucial: el de la aplicación de la ley. Para ello, más que discursos voluntaristas o de mano dura que prometen reducir la corrupción y la violencia, se necesita trabajar donde los reflectores no llegan.  Requerimos trabajar en proteger a quienes nos protegen. Debemos de elevar la calidad de la justicia. En resumen, necesitamos trabajar en la calidad institucional.

Fernando Valdés Benavides coordina el trabajo de proyecto de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad en México