Venezuela vive una de las crisis más difíciles de su historia. Las carencias de víveres y servicios son una dura realidad desde hace varias semanas. La paciencia de la sociedad civil está en entredicho, así como la estabilidad política en una nación
Analysis
10.06.2016
Trino Márquez

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Venezuela_crisis económica y social
Shariff:

Incompetencia, corrupción y autoritarismo

¿Cuál es la situación de Venezuela en tus propias palabras?

Venezuela vive la peor crisis global del último siglo. En la actualidad, nada funciona bien. El país presenta los peores indicadores económicos de todo el continente. Tenemos la inflación más alta del mundo. Es la nación de América Latina donde el salario se deteriora a mayor velocidad. Tenemos los niveles de escasez en alimentos y medicinas más elevados de la región. Somos uno de los países más inseguros del mundo y el que tiene la inversión más baja de Latinoamérica, a pesar de contar con las mayores reservas de crudo probadas del orbe.

El deterioro de la calidad de vida es continuo. Se expresa en las largas colas, ya famosas en todo el mundo, que los sectores de la clase media y las capas más humildes de la población tienen que hacer frente a los abastos y supermercados o las farmacias, para conseguir alimentos de primera necesidad, artículos como papel higiénico, o medicamentos para curar enfermedades crónicas graves o simples resfriados. Ha surgido una nueva y extendida forma de comercio informal llamada “bachaqueo”, que consiste en comprar productos regulados a los bajísimos precios que estos se venden de forma compulsiva, para luego revenderlos a precios astronómicos en plazas, calles y avenidas donde los comerciantes informales ofrecen esos productos. También se manifiesta en las interrupciones intempestivas y continuas de electricidad o en los cortes prolongados del servicio de agua. En las barriadas populares de Caracas y otras ciudades de la provincia, la gente se ha visto obligada a refugiarse muy temprano en sus hogares porque la delincuencia ha tomado los espacios urbanos. Los delincuentes son los dueños de la noche.

El colapso económico es el resultado directo de las políticas dirigidas a destruir la propiedad privada y la iniciativa particular. La estatización y confiscación de empresas produjo la ruina de la economía, el empobrecimiento de la población y la entronización de la corrupción. El gobierno, por añadidura, no da ningún signo de cambio o rectificación. Al contrario, cada día se reafirma más en sus errores. Cada vez subraya más el carácter socialista marxista de su revolución.

La estatización de la economía ha venido acompañada de una fuerte represión y hostigamiento de la oposición. Importantes líderes democráticos, como Leopoldo López y Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, se encuentran presos en las cárceles del régimen.

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La situación actual puede resumirse como una combinación de incompetencia, corrupción, autoritarismo y represión. Éste es el verdadero rostro del socialismo del siglo XXI, proyecto fundado por Hugo Chávez y promovido por su sucesor, Nicolás Maduro.

Trino Márquez

Rechazo golpes de Estado

Se habla de que podría haber un golpe de Estado por parte de militares inconformes con el actual gobierno, ¿qué opinión tienes de esto?

Yo pertenezco a los sectores que rechazan los golpes de Estado. Esa es la línea de la MUD, plataforma organizativa que agrupa a los distintos partidos y organizaciones que se enfrentan al régimen de Nicolás Maduro defendiendo los principios democráticos defendidos en la Constitución Nacional. La MUD adoptó una estrategia que puede sintetizarse del siguiente modo: pacífica, democrática, electoral y constitucional. Nada que se salga de la Carta Magna será respaldado. Las aventuras golpistas y los cuartelazos hay que desterrarlos. Esa visión la comparto y la promuevo continuamente a través de mis artículos y declaraciones.

Ahora bien, el hecho de que la MUD y numerosos intelectuales y sectores del país hayan adoptado ese comportamiento ceñido a la Constitución no significa que dentro del estamento militar no existan sectores descontentos con las políticas del gobierno autoritario, incompetente y corrompido de Maduro. Fue Hugo Chávez quien —con el golpe frustrado de febrero de 1992 y la exaltación de esa asonada, convertida en fecha patria por el chavismo— abrió las compuertas para que los golpistas volviesen a contemplar la posibilidad de ver en las salidas militares la solución de los problemas económicos, sociales e institucionales de la nación.

Venezuela tiene que resolver la crisis tan aguda que padece mediante los mecanismos de participación y presión popular contemplados en la Constitución. Con esos instrumentos logramos que se realizaran las elecciones del pasado 6 de diciembre, en las cuales la oposición obtuvo una amplia mayoría, y con esas herramientas, más el apoyo internacional, se logrará solucionar la grave crisis de gobernabilidad que se vive en la actualidad.

Los militares tienen que retornar a los cuarteles y permanecer allí. Lo que debe exigírseles es que cumplan con la Constitución, acaten la soberanía popular y respeten los derechos humanos. Una de las grandes conquistas civilizatorias de la humanidad es la sujeción del poder militar al poder civil. El chavismo ha distorsionado e invertido esta relación. A los demócratas nos corresponde volver a colocar las cosas en su sitio.

¿Qué pasaría si el gobierno de Maduro se niega a declinar el poder antes de diciembre, en las condiciones en las que se encuentra el país?

La declinación del poder por parte de Nicolás Maduro tiene que realizarse a través de los mecanismos previstos en la Constitución, entre los cuales se encuentran la renuncia, la enmienda o la reforma para reducir el periodo presidencial, que en Venezuela es de seis años, o el referendo revocatorio, figura que Hugo Chávez impuso en la Carta Magna, a pesar de estar advertido de que la democracia introduciría factores de inestabilidad política. Maduro desechó distintas fórmulas constitucionales y, entre ellas, optó por que se le aplicara el referendo revocatorio. Ahora bien, escogido este camino, el régimen adoptó como política torpedear su aplicación este año con el objeto de que se lleve a cabo, en el mejor de los casos, en el primer trimestre del año que viene. Éste es el tema que se discute en la actualidad en Venezuela.

De acuerdo con mi criterio, la autoridad electoral, el Consejo Nacional Electoral, tiene que convocar el revocatorio en 2016. Realizarlo el año próximo sería contraproducente para el país, pues en el caso improbable que el régimen perdiera, asumiría la presidencia quien Nicolás Maduro haya designado vicepresidente. No habría un cambio de gobierno, ni de régimen, sino de mandatario. El presidente continuaría siendo un militante del PSUV. Postergar la consulta para el próximo año sería una estafa a los más de cuatro millones de electores que se habrían movilizado para firmar exigiendo el cumplimiento del artículo 72 de la Constitución.

Trasladar la consulta para 2017 se convertiría en un riesgo para la MUD y en un peligro para el país. En ese momento, la MUD no podría concurrir a la cita electoral porque existiría una alta probabilidad de que no se lograra el quórum reglamentario para salir de Maduro. Los ciudadanos perderían todos los incentivos para acudir a los centros de votación.

El mayor estímulo actual consiste en sustituir al gobierno, responsable fundamental de la gigantesca crisis que afecta al país. Si ese atractivo desaparece, quedando sólo el de cambiar al mandatario, los votantes no irán a depositar las papeletas. El régimen se habría anotado un triunfo que lo atornillaría en el poder, mediante un procedimiento que, por añadidura, sería democrático y electoral. La desmoralización pesaría como una lápida que resultaría difícil remover.

Si esa eventualidad ocurriese, el régimen se anotaría un triunfo temporal. El problema reside en que la crisis económica y social avanza a un ritmo arrollador. La posibilidad de realizar el referendo revocatorio en 2016 apareció como una esperanza para los millones de venezolanos que sufren la inflación, la escasez de comida y medicamentos, el desabastecimiento, los cortes de luz y de agua, la inseguridad personal y el deterioro global e incontenible de la infraestructura. Esa expectativa de cambio redujo la carga explosiva que portan los venezolanos, quienes cada día viven pequeños estallidos de violencia. Diariamente se producen saqueos o intentos de saqueos en todo el país.

Camiones de víveres son asaltados por gente desesperada porque no consigue qué comer. Avenidas, carreteras y autopistas son trancadas por personas cansadas de ser maltratadas porque no reciben luz, ni agua, o porque los hospitales donde se encuentran sus familiares carecen de medicamentos, los aparatos quirúrgicos no funcionan o a los enfermos no se les alimenta.

La velocidad de esta crisis no se reducirá porque el gobierno no sabe cómo resolverla, ni quiere aprender de sus errores y omisiones. Persiste en diagnósticos lunáticos. Habla de disparates como la “guerra económica” o de conspiraciones inexistentes de la ultraderecha en alianza con el imperialismo norteamericano. Jerigonza útil para mantener cohesionado al grupo de fanáticos u oportunistas beneficiarios de los favores que el régimen sigue otorgando, pero ineficaz para diagnosticar y corregir las distorsiones creadas por el socialismo del siglo XXI, nefasta herencia dejada por Chávez.

Maduro y sus secuaces, al obstaculizar la posibilidad del referendo en 2016, intentan provocar una descarga de violencia que permita declarar el estado de conmoción, una de las formas del Estado de excepción, suspender, ahora con argumentos legales, la realización de esa cita, lo mismo que las elecciones de gobernadores previstas para diciembre de este año. Éste es un riesgo inevitable de correr. Lo otro, caer en la parálisis o la inercia, pensando en que el referendo se realizará sin alta presión popular, resulta de un candor angelical. Es preferible movilizarse y presionar y que el régimen se quite la máscara al diferir o suspender el revocatorio y las elecciones de gobernadores, a quedar como unos ilusos.

EU nunca bloqueó Venezuela

¿En qué medida ha funcionado el bloqueo impuesto por Estados Unidos? 

En realidad, Estados Unidos nunca ha bloqueado al gobierno, ni cuando Chávez era presidente ni desde que Maduro es el mandatario. Ese bloqueo le fue aplicado a Cuba y a Fidel Castro, jamás al gobierno de Chávez o al de Maduro. Al contrario, los norteamericanos han sido un socio comercial importantísimo para ambas administraciones. Es el único país que paga la factura petrolera de contado y a tiempo. Esos cuantiosos recursos han servido para financiar la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI. Por esa razón se habla de “socialismo petrolero” y de “diplomacia petrolera” para calificar el proyecto hegemónico nacional e internacional impulsado por el chavismo.

Podría decirse que Chávez y Maduro son unos inconsecuentes e ingratos porque muerden la mano de quien les ha dado de comer. Ambos se consideraron la reencarnación de Fidel Castro y atizaron las banderas del antiimperialismo. Sin embargo, nunca han roto las relaciones comerciales con la potencia del Norte. Su antinorteamericanismo no los ha llevado a quebrantar ese nexo económico, fundamental para la sobrevivencia del proyecto chavista. Se han limitado a lanzar fuegos artificiales con frases altisonantes. Los gringos están conscientes de esa dependencia. Saben que cuando decidan presionar o bloquear económicamente al régimen, éste se verá en serios aprietos financieros.

Por Gerardo Yong

Entrevista a Trino Márquez, Profesor titular en la Universidad Central. Exclusiva Siempre!