Liberalismo, un principio

Opinion23.04.2018Arturo Damm Arnal

Si por ideología entendemos una idea preconcebida de cómo debe ser la sociedad, y por lo tanto de cómo debe actuar la persona, a quien, de no hacerlo voluntariamente habría que obligar a actuar de tal manera que se logre el ideal, el liberalismo, en ese sentido, no podría ser una ideología.

El liberalismo es un principio: “Respetando los derechos de los demás haz lo que quieras”. La observancia de dicho principio requiere de una organización capaz de hacer que las personas respeten los derechos de los demás y de castigar a quienes los violen. Esa organización es el gobierno, cuya esencia es el poder para obligar, prohibir y castigar.

¿En qué casos se justifica el uso de ese poder? ¿En qué casos se justifica obligar a la persona a hacer algo, prohibirle hacer algo, castigarla por no haber cumplido la obligación o prohibición? En menos de los que hoy tenemos, lo cual quiere decir que el gobierno se extralimita, obligando y prohibiendo conductas que no debería prohibir u obligar, y por ello castigando conductas que no debería castigar.
 

Cuatro son las maneras en las que pueden combinarse los tres poderes del gobierno: prohibir, obligar y castigar. 1) Prohibir hacerle daño a los demás y castigar a quien lo haga. 2) Prohibir hacerse daño a uno mismo y castigar a quien se lo haga. 3) Obligar a hacerle el bien a los demás y castigar a quien no lo haga. 4) Obligar a hacerse el bien a uno mismo y castigar a quien no se lo haga.
 

Cada una de estas posibilidades tiene que ver con una virtud. En la primera se trata de la justicia, virtud por la cual respetamos los derechos de los demás. En la segunda de la prudencia negativa, por la cual cuidamos de nosotros mismos no haciéndonos daño. En la tercera de la beneficencia, por la cual hacemos el bien a los demás. En la cuarta de la prudencia positiva, por la cual cuidamos de nosotros mismos haciéndonos el bien.

Partiendo de lo anterior, la pregunta ¿qué debe hacer el gobierno? se convierte en esta: ¿qué virtudes debe exigir el gobierno de las personas? Sin duda que la justicia, exigencia que se traduce en tres prohibiciones, relacionadas con los derechos naturales, aquellos con los que la persona es concebida: a la vida, libertad y propiedad. Las prohibiciones son: no matarás; no esclavizarás; no robarás, que se sintetizan en una sola obligación: respetarás los derechos de los demás.

El gobierno debe exigir de las personas la justicia, el respeto a los derechos de los demás, porque no debe permitirse que cada quien decida si respeta o no los derechos de terceros. ¿Debe exigir también la prudencia, tanto la negativa como la positiva, así como la beneficencia? Téngase en cuenta que no estoy preguntando si la persona debe ser prudente y benéfica, ¡por supuesto que debe serlo! Lo que estoy preguntando es si el gobierno debe obligarla a serlo, y la respuesta es no, ya que al hacerlo el gobierno estaría actuando injustamente, violando derechos de la persona.

Un buen ejemplo de lo anterior es la prohibición, con la intención de que la persona no se haga daño a sí misma (prudencia negativa), del consumo de drogas, conducta viciosa, éticamente reprobable, pero no delictiva, razón por la cual no debe prohibirse legalmente. Decía Lysander Spooner que los vicios no son crímenes, siendo criminales las conductas que violan derechos de terceros: matar (viola el derecho a la vida), secuestrar (viola el derecho a la libertad), robar (viola el derecho a la propiedad). ¿Qué derecho viola una persona al consumir drogas que le causarán daños a su salud? Ninguno. ¿Qué derecho viola el gobierno al prohibir su consumo? El derecho a la libertad individual y a la propiedad privada de esa persona. El derecho a usar (libertad) lo suyo (propiedad) como decida, lo cual no quiere decir que decidirá correctamente. La posibilidad de que la persona decida erróneamente, ¿es razón para limitar o eliminar su libertad? Solo en el caso en el que tal decisión suponga violar derechos de terceros.

Una persona que consume drogas, como una que consume refrescos o lleva a cabo una dieta crudivegana, se hace daño a sí mismo, pero no viola derechos de terceros, por más que sí perjudique a terceros causándoles daño moral, afirmación que puede llevarnos a la conclusión de que la condición necesaria para hacer valer la primera combinación posible de los poderes gubernamentales  –prohibir hacerle daño a los demás y castigar a quien lo haga– es hacer valer la segunda combinación posible –prohibir hacerse daño a uno mismo y castigar a quien se lo haga–, conclusión que nos plantea esta pregunta: ¿debe el gobierno prohibir cualquier daño que alguien pueda hacerle a alguien más, incluidos los daños morales? ¿Debe el gobierno prohibir cualquier tipo de mal, o solo el que supone la violación de derechos, consecuencia de conductas delictivas por su propia naturaleza?, pregunta que nos lleva a esta otra: ¿qué tipo de sociedad sería aquella en la cual el gobierno prohibiera cualquier tipo de mal? ¿Qué tipo de gobierno sería el de esa sociedad? ¿En qué tipo de personas se convertirían los ciudadanos de una sociedad con tal gobierno? Ese tipo de gobierno, que prohíbe cualquier tipo de mal, todo mal, ¿no sería el resultado de una ideología, de una idea preconcebida de cómo debe ser la sociedad y de cómo debe actuar la persona en todos los ámbitos de su vida, razón por la cual si no está dispuesta a hacerlo voluntariamente habría que obligarla a que lo haga?

El gobierno que prohíbe el consumo de drogas es un ejemplo del gobierno ángel de la guarda, que pretende preservar a la persona de todos los males, inclusive de los que puede hacerse a sí misma, obligándola al ejercicio de la prudencia negativa, lo cual es contrario al principio liberal por excelencia: respetando los derechos de los demás haz lo que quieras, corriendo los riesgos y enfrentando las responsabilidades, que son las dos erres inseparables de la libertad: la erre del riesgo y la erre de la responsabilidad, sin las cuales no hay verdadera libertad, sino solo un remedo de la misma, quedando claro que no debemos conformarnos con nada menos que el original: la verdadera libertad.

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