¿Qué hace a una sociedad libre?

Analysis27.07.2017
Gente, sociedad
istcok.com/ Connel_Design

“En nombre de la libertad”. Frases similares a la anterior se utilizan con frecuencia para justificar manifestaciones en contra del poder constituido, la imposición de políticas públicas restrictivas de derechos, la creación de programas sociales redistributivos, el alza de los impuestos, la decapitación de reyes, la aprobación del espionaje ininterrumpido y universal[1], o la discriminación racial. Lo anterior pone de manifiesto la inexistencia de una “receta universal” para la configuración de una sociedad libre.

Cada movimiento emergente, cada monarca, cada legislador y, en general, cada personaje con influencia sobre las masas, intenta imponer su propia perspectiva de la libertad misma que, a menudo resulta contradictoria. Frente a ello, forzosamente debemos preguntarnos: ¿es posible hacer una sociedad libre?

El baluarte de la libertad yace en la democracia. Así las cosas, ¿es preciso que la democracia sea entendida como el simple acto de ejercer el sufragio? Definitivamente no. Este término engloba mucho más que el hecho de depositar una papeleta en la urna electoral. La democracia, cimentada en la igualdad y la soberanía popular, contempla todo aquello que el ser humano considera posible y desea materializar como proyecto de vida. Sin embargo, para la consecución de este fin, es necesaria la concurrencia de un Estado de Derecho fortalecido, garante de las libertades fundamentales.

El Estado de Derecho tiene la finalidad de proteger al individuo, garantizando sus libertades fundamentales en condiciones de igualdad. En este sentido, el Estado debe ser entendido como el conjunto de instituciones por medio de las cuales se manifiesta el poder público; siendo indispensable que este tenga límites claramente establecidos, en aras de evitar la arbitrariedad, la instauración de regímenes autoritarios, la destrucción de la institucionalidad y, en última instancia, la desaparición de la democracia. La historia ha puesto en evidencia lo perjudicial que puede ser para el individuo la existencia de un Estado sin frenos, atrocidades que van desde desapariciones forzadas hasta masacres genocidas. Consecuentemente, la democracia será fuerte en la medida en la que el Estado esté sujeto a la ley, reconozca la autonomía del individuo, permita la solución de conflictos de manera consensuada y pacífica, proteja la propiedad privada y la libertad individual.

En cuanto a las libertades fundamentales, resulta irónico que sirvan de base al Estado de Derecho y, a su vez, no puedan manifestarse en ausencia de éste. El punto medio entre estos, es decir, la potestad del soberano de debatir ampliamente un tema, de defender sus ideologías,  de desplazarse libremente, en fin, de ejercer su autonomía moral individual[2] frente a las oportunidades ofrecidas por el Estado, crea una democracia. Entre más oportunidades tenga el individuo en una sociedad, mayor será su libertad y, este ideal sólo se logra a través de un arduo proceso de democratización de las instituciones[3], lo cual implica la infusión progresiva del principio de libertad en ellas, en aras de afianzar los derechos, de crear condiciones de igualdad y de preservar la dignidad humana.

Por tanto, si reconocemos la estrecha relación que existe entre la democracia, las libertades fundamentales y el Estado de Derecho con la libertad ¿por qué no puede materializarse este mundo ideal en la realidad? Si entendemos que las libertades fundamentales son el medio sine qua non para el desarrollo humano y, que éstas se gozan sólo cuando el Estado actúa en el marco de la ley; creando lo que conocemos como democracia, ¿qué razón existe para que estos elementos no sean considerados como “la receta de la libertad”?, ¿serán el pluralismo y la diversidad de ideologías obstáculos insuperables para alcanzar la libertad?

Por Álvaro Paz, estudiante de la licenciatura en Derecho en la Universidad de San Pedro Sula, Honduras y colaborador en Fundación Eléutera

*Ensayo escrito en el marco de la Escuela de Verano de Libertad y Desarrollo realizada en Guanajuato, México en julio de 2017.

 


[1] En 2015 en Estados Unidos existió un intenso debate sobre cómo justificar el espionaje masivo a la población civil con fines de seguridad bajo la ley llamada Freedom Act.

[2] Carlos Cordourier. Sistemas de Libertades, Instituciones y Participación Ciudadana.

[3]  Ibid.