Reflexiones acerca de los impuestos

Analysis07.08.2017Hanns Soledispa
.
Pixabay

Los impuestos son lo que son, impuestos. Pagos obligatorios que hay que hacer regularmente al gobierno, de manera directa o indirecta, entre otras cosas, para costear los gastos estatales. El debate sobre los impuestos, usualmente suele centrarse en cuál sería el mejor sistema impositivo, o cuál es la mejor manera de usar los ingresos fiscales. Pareciera presupuesto un consenso sobre la existencia de los impuestos: algo que no pedimos, pero que aceptamos.

Los impuestos son invisibles

Una omisión común de los ciudadanos es la creencia de que los impuestos son algo lejano, de que solo los pagan las grandes empresas y las personas más acaudaladas. En realidad todos pagan impuestos.

Cada vez que se compra el más pequeño de los caramelos, incluso cuando se compra en la informalidad, se están pagando impuestos. No es necesario que un ciudadano presente documentos y emita cheques a la entidad recaudadora para hacer el pago de impuestos, con el simple acto de hacer una transacción comercial, tan pequeña como comprar un caramelo, se están pagando los impuestos de todas aquellas personas involucradas en su producción, transporte y mercadeo.

Todos pagamos impuestos y a todos nos afecta el  alza de los mismos. Cada vez que el Gobierno propone todo tipo de carga tributaria, incluso cuando no está directamente dirigida a nosotros, terminará afectándonos.

Debemos de ser cuidados con los eufemismos que usan nuestros gobernantes y legisladores para cobrar impuestos: progresivos, ecológicos, saludables, proteccionistas, etc. Si el objetivo de un gobierno es generar mayor prosperidad para las personas con menores capacidades económicas, ¿por qué no disminuir los impuestos?, si es promover el consumo de un producto o servicio, ¿por qué no disminuir el impuesto a este? o al contrario, si se quiere desincentivar, ¿por qué no disminuir los impuestos a sus sustitutos?

Los impuestos son un robo

El Gobierno, a través de la violencia, nos obliga a pagar. Si no lo hacemos estamos sujetos a sanciones administrativas o incluso penales. Es sencillo establecer una comparativa de lo que hace el Estado al momento de exigir que le entreguemos una parte de la renta, con un vulgar robo a mano armada. Es visible que un gobierno cobrando impuestos, no es muy diferente a un delincuente apropiándose del trabajo de su víctima.

Más allá de lo que el Gobierno decida hacer con el dinero que recaude, debemos ser conscientes que no es legítimo, y que los impuestos son lo que son, es decir, los impuestos son un robo. Más impuestos son menor libertad. Cada vez que el Gobierno cobra impuestos está coartando nuestro derecho a la propiedad privada, está negando nuestra libertad a disponer del fruto de nuestro trabajo del modo que consideremos conveniente.

Más empresa, menos pobreza

El desafío urgente de América Latina, y sus economías en vías de desarrollo, es respecto a la libertad económica.[1] Libertad Económica significa prosperidad, por lo tanto, toda acción de los gobernantes que vaya en contra de la libertad económica debe ser vista como un atentado contra la prosperidad.

Tenemos que ir más allá del debate sobre la aplicación y uso eficiente de los impuestos, tenemos que reconocer que estos tienen la capacidad de acotar nuestras oportunidades y atrofiar las posibilidades de las personas de salir adelante. Tenemos que entender que los impuestos ni son lejanos, ni son legítimos, por el contrario: los impuestos nos afectan directamente a todos, y que abiertamente son un robo.

Por lo tanto, crear impuestos o incrementar los existentes no contribuye al desarrollo económico, pues aleja las inversiones y contrae el consumo. Con más impuestos, se destruye el empleo y se incrementa la pobreza. Si nuestra verdadera motivación es la eliminación de la pobreza y la creación de oportunidades, debemos de enfocar nuestros esfuerzos en luchar por una sociedad que genere las condiciones adecuadas para que se produzca innovación y emprendimiento, una sociedad en donde el grueso de la cooperación sea libre y voluntaria, y no a través de leyes confiscatorias y que atentan contra la propiedad privada en nombre de la distribución de la riqueza.

Hanns Soledispa

Hanns Soledispa, Mercadólogo y colaborador en el Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP)

*Ensayo escrito en el marco de la Escuela de Verano de Libertad y Desarrollo realizada en Guanajuato, México en julio de 2017.